El sonido es energía transferida a través de la vibración.

Tal y como dijo Tesla, “si quieres descubrir los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”.

El sonido es energía emitida a través de la vibración. Tal y como dijo Tesla, “si quieres descubrir los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”.

La terapia de sonido (o sonoterapia) está catalogada como una terapia vibracional, igual que la homeopatía o las flores de Bach. Uno de los fundamentos básicos de las terapias vibracionales es la aceptación holística del ser humano: la parte material, visible o corporal, y aquellas no visibles (sutiles, energéticas) como la emocional, la mental y la espiritual.

La sonoterapia consiste en el uso de frecuencias sonoras, a través del sonido de la voz y de ciertos dispositivos e instrumentos musicales, para estimular el cuerpo y la mente y proporcionar un estado de salud óptima y en plenitud, restableciendo la armonía y originando un desarrollo integral de la persona. Todo se encuentra en un estado constante de vibración o “resonancia”, incluyendo cada parte y sistema dentro del cuerpo humano – órganos, tejidos y células. Juntos forman una frecuencia compuesta, un armónico, que es nuestro propio ritmo personal de vibración. Somos como una gran orquesta con su propia banda sonora. Cuando una de las partes de la orquesta desafina dejamos de estar en un estado de armonía, la mayoría de veces provocado por un estrés continuo.

Al sintonizar nuevamente con nuestro propio ritmo de vibración, podemos experimentar mejor salud, bienestar y vitalidad. Es importante escuchar a nuestro cuerpo, prestar atención a las señales que nos envía y trabajar en su equilibrio y armonía de forma integral, no solo a nivel físico, sino también emocional, mental y espiritual. Cuidar nuestra sintonía interna y buscar la armonía en todos los aspectos de nuestra vida nos llevará a un estado de plenitud y bienestar.

El principio de resonancia simpática es un concepto que proviene de la física y en sonoterapia se refiere al concepto de que los sonidos pueden influir en nuestro estado de ánimo, mente y cuerpo a través de la resonancia con diversas frecuencias y vibraciones. Según este principio, cuando escuchamos ciertos sonidos, nuestras células, órganos y sistemas internos pueden resonar en armonía con esas frecuencias, lo que puede tener efectos beneficiosos en nuestra salud y bienestar.

El fenómeno consiste en: dispongo de dos objetos idénticos el uno al otro capaces de vibrar, situados a una determinada distancia, al estimular uno de ellos provocará la vibración del segundo objeto con la misma frecuencia que su semejante. Este es uno de los conceptos fundamentales que sustenta el empleo del sonido.

“…cuando las ondas sonoras entran en el cuerpo se producen por simpatía vibraciones de sus células vivas, que ayudan a restaurar y a reforzar la organización saludable. El alto contenido de agua de los tejidos corporales contribuye a transmitir el sonido, y el efecto general se puede comparar con el de un masaje profundo a nivel atómico y molecular” (Olivia Dewhurst, 1993).

La terapia de sonido no sólo consiste en producir sonidos, sino más bien en aprender a escucharse (por eso se vincula especialmente al crecimiento personal y al desarrollo de la dimensión espiritual).

Jarrod Byrne Mayer, “el sonido nos da una oportunidad de recordar. Limpia y despeja el desorden energético que hay en nuestra mente y nos permite experimentar la quietud. Con el sonido se nos permite recordar ese estado de pureza. Nos concede la gracia de situarnos por encima del caos”.

El sonido armónico de los cuencos tibetanos tiene efectos calmantes y relajantes, así como posee la capacidad de sosegar la mente. Son un excelente medio que facilita la entrada a estados de quietud e induce a la relajación y meditación. Medio efectivo para cambiar la conciencia desde el estrés cotidiano hacia un estado de equilibrio y serenidad.

Tal como indica el doctor Gaynor (2001), los cuencos tibetanos o cuencos cantores nos llevan a un silencio, a un estado de calma que él denomina “esencia” por la rapidez con la que nos conducen a un viaje por nuestro interior. Son pues un valioso instrumento de evolución o crecimiento personal.

Se hace cada vez más imprescindible algún tipo de práctica meditativa o de relajación que active la intervención del Sistema Nervioso Parasimpático que es aquel que nos lleva de vuelta a un estado de calma, ya que estamos inmersos en mucho ruido tanto ambiental como mental.

Es necesario encontrar ese espacio de silencio, que no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ruido. Cuando tú vas entrando en ese silencio y la mente se va apaciguando de forma natural, el cuerpo se recupera, la energía aumenta y la claridad mental se dispara.

Abrir chat
Hola
¿En qué puedo ayudarte?